
Tras la segunda Guerra mundial,las fuerzas de ocupación estadounidenses estaban un poco… cortitas de efectivos. Alemania era grande, las prorrogas muchas, y hacía falta gente. Por lo que las políticas de reclutamiento cambiaron, y la única razón admisible para ser excluido del servicio era la médica.
En aquella época un hombre recorría el trayecto en autobús hasta Albany para someterse un examen médico por este motivo.
A su llegada, y tras rellenar innumerables formularios, el futuro soldado debí pasar por toda una serie de cabinas y reservados. Unas para poner a prueba la vista, otras el oído, otras de controles analíticos sanguíneos…. lo habitual.
E irremediablemente, todos los reclutas acabarían pasando en última instancia por la cabina número 13… la del psiquiatra.
Allí esperaba, sentado en los incómodos bancos… se aburre… el tiempo pasa… y el recluta se entretiene observando los acontecimientos.
Había tres mesas, cada una con un psiquiatra. El recluta debía sentarse en la mesa frente al comecocos y resistir el ataque de sus preguntas. Debido a las modas de las películas de la época, el recluta no sentía especial cariño por las “tonterías” de la psiquiatría. Los psiquiatras le caían mal, los consideraba unos falsos y no tenía intención de tratar con ellos… hasta que le llegó su turno y se sentó en su mesa frente a su comecocos.
Se sienta, el psiquiatra empieza a ojear sus papeles y dice “¡Hola Dick!” –con voz alegre-. “¿Dónde trabajas?”
“¿Quién se cree este que es para llamarme por mi nombre de pila?” –Piensa Dick, y secamente responde- “Schenectady”
“¿Para quién trabajas Dick?” –pregunta sonriendo otra vez el psiquiatra.
“General Electric”
“¿Te gusta tu trabajo, Dick?” –dice con la sonrisa de oreja a oreja.
“Así, así” –Dick no estaba dispuesto a colaborar.
Tres preguntas corteses, pero la cuarta…
“¿Crees que la gente va por ahí hablando de ti?” –esta vez en voz baja y el tono serio.
Dick se anima, “¡Desde luego!, Cuando voy a casa mi madre no hace más que contarme lo que sus amigas dicen de mí”. Y aunque el tío no escucha la explicación, apunta algo en los papeles.
Después, en tono grave y más serio:
“¿Te parece que la gente se te queda mirando?”
Dick abre la boca para decir que no, pero justo en ese momento añade:
“Por ejemplo, ¿crees que algunos de los chicos que esperan en los bancos está mirándote ahora?”
Mientras había estado esperando, Dick se había fijado que había unos doce chicos en los bancos esperando, y que no tenían nada más que hacer que esperar mirando a la nada… Rápidamente divide Dick 12 entres los 3 psiquiatras… ¿4?... Dick es prudente en sus estimaciones, y responde: “Pse, creo que habrá un par de ellos mirándonos.”
“Bueno, vuélvete y compruébalo”. –responde el psiquiatra, que no se molesta en levantar la mirada y comprobarlo el mismo.
Se vuelve, y no falla, dos tíos mirándolos. Así que responde:
“Sí, nos está mirando aquel tío, y ese otro de más allá.” Y claro, cuando Dick se vuelve señalando los demás miran también, así añade: “Y ahora también aquel, y el otro, y de allí…” Pero el comecocos no levanta la vista, sigue escribiendo cosas en el informe de Dick.
“¿Has oído alguna vez voces dentro de ti?”
“Muy raramente” -y cuando Dick iba a explicarse…
“¿Habla usted solo, consigo mismo?”
“Pues sí, a veces cuando me estoy afeitando o pensado. Muy de vez en cuando”. -Más anotaciones en los papeles.
“¿Está alguna persona de su familia en una institución mental?
“Si, tengo una tía en el manicomio”
“¿Porque lo llama manicomio y no institución mental?”
“Creí que era lo mismo”
“¿Qué piensa usted de la enfermedad mental” –dice malhumorado el psiquiatra.
“Que es una enfermedad extraña, peculiar de los seres humano” –responde con sinceridad.
“¡Las enfermedades mentales no tienen de extraño más que la apendicitis!” –replica airado.
“Pues a mí no me lo parece. En la apendicitis comprendemos la causa mucho mejor, e incluso tenemos idea del mecanismo por la que se produce, mientras que la enfermedad mental es algo mucho más complicado”. –mantuvieron un debate en el que Dick sostenía que la locura era peculiar en el sentido
fisiológico y el psiquiatra que era normal en el sentido sociológico.
Hasta ahí Dick había sido sincero, pero entonces el psiquiatra le pidió que extendiera las manos. Y no pudo resistirse a gastar una broma que le había enseñado otro recluta mientras esperaban para sacarle sangre. Así que extendió las manos… una co la palma hacia arriba y la otra con la palma hacia abajo.
El psiquiatra, en su mundo dice: “Déles la vuelta”, - Y Dick vuelve ambas manos, volviendo a la misma situación. Pero el psiquiatra ni se da cuenta, sigue mirando una de las manos para ver si tiembla… por lo que la broma no funcionó.
Tras terminar con toda la batería de preguntas vuelve a ponerse amable, se anima, y dice: “Veo que tienes un doctorado, Dick. ¿Dónde estudiaste?"
“MIT y Princeton. ¿Y donde estudiaste tú?”
“Yale y Londres. ¿Y qué estudiaste Dick?”
“Física. ¿Y que estudiaste tú?”
“Medicina”
“¿Y esto es medicina?”
“Pues la verdad, si. ¿Qué piensas que es si no?” –dice molesto. “¡Ve a sentarte en un banco y espera unos minutos!”
Va sentarse al banco, y es cuando uno de los reclutas se acerca y le dice: “¡Jo!, estuviste con él 25 minutos, los otros no duraron ni 5.
“Pse.”
“Oye –insiste-. ¿Quiere saber como engañar al psiquiatra? No tiene más que comerte las uñas así, mira.”
“Entonces, ¿porqué no lo haces tú.”
“¡Es que yo quiero hacer la mili!”
“¿De verdad quieres engañar al psiquiatra?, pues cuéntale eso”.
Pasa el tiempo, y le llaman a otra mesa para ver a otro psiquiatra.
Si el primero era joven e inocente, este tenía canas y era distinguido. Sin duda el jefe del servicio. Dick pensaba que ahora se iban a deshacer todos los malentendidos. Aunque no se iba a mostrar amable.
Con una gran sonrisa. “Hola Dick, veo que trabajaste en Los Álamos durante la guerra”
“Psí”.
“¿Aquello are antes un colegio?"
“Así es”
“¿Tenía muchos edificios?”
“Unos pocos”
Tres preguntas, la misma técnica, y la siguiente pregunta es totalmente distinta.
“Dijiste que oías voces que hablaban dentro de ti. Descríbeme eso, por favor.”
“Ocurre muy raramente, cuando he estado prestando mucha atención a personas con acento extranjero. En el momento de quedarme dormido puedo oír con toda claridad la voz de esta persona. La primera vez que me ocurrió fue siendo yo estudiante en el MIT. Recuerdo al Prof. Vallarta diciendo: “aquí y aquí… una campana eléctrica”. La otra vez fue en Chicago, durante la guerra, cuando el Prof. Teller estaba explicándome como funcionaba la bomba. Dado que estoy interesado en toda clase de fenómenos, me pregunté como podía oír con precisión estas voces de acento extranjero, siéndome como era imposible imitarlas igual de bien… ¿No le pasa algo así de vez en cuando a todo el mundo?”
El psiquiatra se tapó la cara con la mano sonriendo… pero no respondió a la pregunta.
“Dijiste que antes hablabas con tu fallecida esposa ¿qué le dices?”
Después de un intercambio de unas cuantas frases ácidas pregunta:
“¿Cree usted en lo supernormal?”
“No se que es lo supernormal”
“¿Cómo? ¿Es usted doctor en Física y no sabe qué es lo supernormal?"
“Exactamente”
“Es lo que Oliver Lodge y su escuela defienden”
No es que fuera una ayuda, pero Dick ya lo pilló:
“Usted se refiere a lo sobrenatural”
“Puede llamarlo así si lo desea”
“Perfectamente, lo haré”
“¿Cree usted en la telepatía?”
“Yo no. ¿Usted sí?”
“Bueno, procuro mantener la mente en disposición receptiva”
“¿Cómo? ¿Un psiquiatra como usted en disposición receptiva. ¡Ja!”
Y así durante un rato. Ya al final de la entrevista dice:
“¿Qué valor le da usted a la vida?”
“Sesenta y cuatro”
“¿Por qué ha dicho usted sesenta y cuatro?”
“¿Pues en cuanto supone usted que se debe medir el valor de la vida?”
“¡NO!, Lo que quiero saber que porqué ha dicho usted sesenta y cuatro y no sesenta y tres, por ejemplo”
“Aunque yo le hubiera dicho sesenta y tres, usted me habría hecho la misma pregunta”.
Y dio fin a la entrevista con otras tres preguntas amables, exactamente igual que el joven anterior.
Le dio sus papeles y se fue a la siguiente cabina. Mientras esperaba, ojea los resultados de sus informe, y por fastidiar se lo enseña a su compañero de cola.
Con voz estúpida pregunta “Oye, ¿qué te han puesto en el psiquiátrico? ¡Aah! Tienes una N. Yo tengo una N en todo menos en el psiquiátrico, que tengo un D”. Dick sabía perfectamente que N era “normal” y D “deficiente”.
El otro recluta le da una palmadita en el hombro y dice: “Nada muchacho, no significa nada. Todo es perfectamente normal, tú no te preocupes.”
Y se levanta para sentarse al otro lado de la habitación…
Empieza a husmear las notas de los psiquiatras, y el caso parecía realmente serio:
Cree que la gente habla de él.
Cree que la gente lo mira.
Alucinaciones auditivas hipnagónicas.
Habla solo.
Habla con esposa fallecida.
Tía materna en institución mental.
Mirada muy peculiar. (Dick sabía que se refería a cuando preguntó “¿Y esto es medicina?”)
Habría que aclarar con el ejército ciertas cosas, aquello daba muy mala impresión.
Al final de todo había un duro oficial encargado de la decisión final. Y como la cosa estaba justita de personal, el oficial no se tragaba una. Con él sería con el que se aclararía todo el tema. Le entregó los papeles cuando le llegó el turno. Y en cuanto el oficial vio la D en el examen psiquiátrico… sin levantar la cabeza ni preguntar nada puso el sello de “INUTIL PARA EL SERVICIO” y le despidió.
Muy Sres. míos:
Considero que no debo ser reclutado, pues soy profesor de Física y estimo que el bienestar de nuestro país se deberá en parte a la capacidad de nuestros científicos. Sin embargo, puede que hayan ustedes decidido declararme inútil a consecuencia de un informe médico donde se me da por psiquiátricamente desequilibrado. Estimo que a tal informe no debe atribuírsele la más mínima importancia, pues estoy seguro de que se trata de un burdo error.
Llamo a ustedes la atención sobre este error, porque estoy suficientemente loco como para no querer aprovecharme de él.
De ustedes s.s.
R.P. Feynman.
Resultado: “Inutil provisional. 4F. Razones médicas”.
Richard Phillips Feynman (Nueva York, Estados Unidos, 11 de mayo de 1918 - Los Ángeles, California, Estados Unidos, 15 de febrero de 1988), físico estadounidense, considerado como uno de los más importantes de su país en el siglo XX. Su trabajo en electrodinámica cuántica le valió el Premio Nobel de Física en 1965, compartido con Julian Schwinger y Sin-Ichiro Tomonaga. En este trabajo desarrolló un método para estudiar las interacciones y propiedades de las partículas subatómicas utilizando los denominados diagramas de Feynman. En su juventud participó en el desarrollo de la bomba atómica en el proyecto Manhattan. Entre sus múltiples contribuciones a la física destacan también sus trabajos exploratorios sobre computación cuántica y los primeros desarrollos de nanotecnología…